La economía en los números, pero no en el bolsillo
La inflación baja y las cuentas públicas muestran equilibrio, pero el alivio todavía no llega con la misma fuerza a los hogares. La morosidad de los créditos familiares alcanzó niveles récord y expone una de las principales tensiones de la recuperación económica.
Por Redacción

La Argentina atraviesa una etapa de estabilización que el Gobierno de Javier Milei presenta como uno de sus principales resultados. La inflación se desaceleró, las cuentas públicas muestran equilibrio y la actividad económica recuperó terreno. Pero hay otra fotografía que empieza a pesar: la deuda de las familias.
El Banco Central informó que la morosidad de los créditos destinados a los hogares llegó al 12,8% en mayo. Es el nivel más alto de la serie de más de veinte años. En tarjetas de crédito alcanzó el 13,1% y en préstamos personales llegó al 15,9%.
El dato no significa que toda la economía esté en crisis. De hecho, el propio BCRA señala que el crédito al sector privado volvió a crecer en mayo y que el sistema financiero mantiene niveles elevados de solvencia. La contradicción está en otro lado.
La estabilización macroeconómica y la recuperación de los hogares no avanzan necesariamente al mismo ritmo. La inflación puede bajar. El déficit puede desaparecer. El crédito puede volver a crecer.
Pero una familia que acumuló deuda durante los meses anteriores necesita bastante más tiempo para recuperar su capacidad de pago. Ese es uno de los problemas políticos que enfrenta el Gobierno: transformar una mejora de los indicadores generales en una mejora perceptible para la vida cotidiana.
Porque al final de cualquier programa económico queda la misma prueba. Cuánto puede pagar una familia cuando llegan las cuentas.
