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En Chimbas, el orreguismo no tiene con qué pararse de manos frente a Gramajo

Ni siquiera el dirigente que más lo enfrentó se anima a subestimarlo: en ese departamento, la maquinaria territorial de Fabián Gramajo sigue funcionando como si nunca hubiera dejado el sillón, y el oficialismo provincial todavía no encontró con qué disputarle ese terreno de cara a 2027.

Por Redacción

En Chimbas, el orreguismo no tiene con qué pararse de manos frente a Gramajo
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Hay una regla no escrita en la política chimbera, de esas que nadie redacta pero todos obedecen: antes de mover una ficha en el tablero departamental, hay que preguntarse dónde va a pararse Fabián Gramajo. No hace falta que el hombre diga una palabra. Alcanza con que exista, con que respire en el radar de la conversación pública, para que el resto de los jugadores recalculen. Eso no es carisma. Eso es estructura.

Conviene aclarar algo que en esta provincia se olvida rápido: la política sanjuanina tiene una memoria corta y una vocación enorme por confundir el cargo con el poder. Gramajo dejó la intendencia y, sin embargo, la maquinaria territorial que armó durante años en Chimbas siguió andando como si él nunca se hubiera bajado del sillón. No hay demasiados dirigentes en la provincia que puedan exhibir ese truco: gobernar desde afuera. La mayoría, apenas pierde el cargo, pierde también el eco.

El dato que sostiene esa reputación no es una intuición periodística ni un rumor de pasillo. Es el propio arrastre electoral, sostenido comicio tras comicio, en un peronismo provincial que no siempre pudo ofrecerle ese lujo a sus figuras. Mientras otros dirigentes ven derretirse su capital político apenas cambia el clima nacional, Gramajo retuvo el suyo con una consistencia que en Chimbas ya nadie discute.

Y ahí aparece el dato más revelador de esta historia, el que en realidad la explica mejor que cualquier encuesta: quien más habla de Gramajo esta semana no es un socio de ruta. Es Carlos Mañé, el dirigente orreguista que lo enfrentó puertas adentro del peronismo hace años y que después arrastró con él una disputa judicial de las que dejan cicatriz. Mañé tuvo tiempo de sobra, en una extensa charla en el Café de la Política de Huarpe TV, para intentar leer los próximos pasos del exintendente. Y no pudo —o no quiso— sacarlo de ningún escenario posible rumbo a 2027.

Ese gesto dice más que cualquier discurso propio. No es que el orreguismo no quiera medirse con Gramajo en Chimbas: es que, hoy por hoy, no tiene con qué. El propio dirigente que supo pelearle una interna palmo a palmo, el que mejor conoce sus mañas y su territorio, prefiere estudiarlo antes que desafiarlo. Y si el rival que más lo conoce elige la cautela, no es debilidad de Mañé: es la dimensión real del estructura que dejó armada Gramajo.

Así las cosas, la pregunta sobre Gramajo dejó de ser si todavía pesa. Eso, a esta altura, es una obviedad que hasta sus rivales dieron por cerrada. La pregunta que sí sigue abierta, la única que importa puertas adentro del peronismo y también en el resto del arco político departamental, es qué lugar va a elegir ocupar de cara a 2027. Porque en Chimbas el tablero entero se sigue armando en función de una casilla que el oficialismo provincial, por ahora, ni siquiera sabe cómo disputarle.

Redacción de El Presidente. Fuente: Semanario San Juan